miércoles, 14 de diciembre de 2016

Fotos de familia, dos siglos


El General Santiago Amengual Balbontín (1815-1898; hijo de Santiago Amengual Costabella y Rosario Balbontín y Soto) se casó con Celia Peña y Lillo Morgado (hija de José de la Peña y Lillo Aguirre e Inés Morgado Uriondo).
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Entre sus hijos, Alberto Amengual Peña y Lillo (1879-1950), quien se casa el 28 de mayo de 1899 con Aurora Astaburuaga Urzúa (1879-1936; hija de José Astaburuaga Cienfuegos y Catalina Urzúa Vergara).
En la foto los vemos con cuatro de sus siete hijos, aún no había nacido mi abuela.
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Mi abuela: María Elena Amengual Astaburuaga (1907-1995), se casa el 8 de diciembre de 1934 en la Iglesia de la Asunción (Av. Vicuña Mackenna y Marcoleta, Santiago de Chile), con
Osvaldo Gatica Camoglino (1913-1979), hijo de Pedro Gatica Martínez y María Italia Camoglino).

A continuación una foto con su primer hijo, mi padre: Osvaldo Alfonso Gatica Amengual, y su hermana Aurora Javiera, después tendrían cuatro hijos más.

viernes, 9 de diciembre de 2016

La huella dejada por René Amengual Astaburuaga

Aporte del sobrino Juan Bautista Gatica Amengual: "A modo de permanente recordatorio, cualquier oyente de emisoras chilenas, al sintonizar la FM 102.5, Radio de la Universidad de Chile, ´La Radio que Piensa´..., cada hora, al comenzar un nuevo programa o la difusión de noticias, podrá escuchar los primeros acordes del himno de la casa de estudios creados magistral e inolvidablemente por René.

Este delicado músico y maestro, así como el brillante poeta Julio Barrenechea, unieron sus talentos para darle a su amada Universidad de Chile, una parte imperecedera de sí".


La reseña que sigue, comentario del libro de Raúl Besoaín Armijo
; "René Amengual, un enamorado de la música", se agradece, desde ya, a Cristián Guerra Rojas.

La figura de René Amengual Astaburuaga (1911-1954), como ha dicho un ilustre colega de la Escuela Moderna de Música, es una figura meteórica pero de importancia capital, puesto que su corta vida se vincula a la historia y a la imaginería de importantes instituciones de nuestro país y de nuestra vida musical. Director del Conservatorio Nacional de Música desde 1946 hasta su muerte, co-fundador de la Escuela Moderna de Música en 1940, compositor del Himno de la Universidad de Chile, co-autor de clásicos de la enseñanza pianística chilena como Mi amigo el piano, Selección de clásicos y Los maestros del clavecín. Pianista, compositor y docente, todos quienes hemos tenido el privilegio de pasar por las aulas de alguna de las instituciones mencionadas, hemos tenido algún contacto con el legado artístico y pedagógico de Amengual. Pero además, existe un legado humano, en la dimensión de la calidad o de la calidez personal, que los estudios musicológicos y los catálogos de obras, tanto en el caso de Amengual como de otros grandes maestros, no contemplan. Y en ese sentido se orienta, sin desconocer la herencia musical, la obra de Raúl Besoaín Armijo, financiada con el aporte del Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura (FONDART).
No se trata de una obra musicológica, sino de una obra de difusión del legado musical y especialmente el legado humano de René Amengual. Como el mismo autor plantea, no se trata de una tesis o de una obra modelo de originalidad, ya que todo tipo de comentarios o análisis estilísticos de las obras de Amengual y de su contexto proceden de trabajos realizados por compositores y musicólogos consagrados, como Samuel Claro, Jorge Urrutia, Vicente Salas Viu, Miguel Aguilar y Roberto Escobar. En cambio, el autor afirma que la personalidad de Amengual, "atrayente y carismática para quienes lo conocieron, es ejemplar para las nuevas generaciones y merece que sea conocida más allá del círculo estrecho de los estudiosos de la música culta de Chile". Y en verdad, con un estilo claro y ameno, sin llegar a profundidades técnicas, históricas y analíticas que no todos comprenden, Besoaín nos entrega la imagen de Amengual como la de un hombre lleno de alegría de vivir, afable, estudioso, preocupado más de los demás que de sí mismo, y sobre todo, como expresa el título de este libro, un enamorado de la música. En otras palabras y en otro sentido, el libro consigue dejarnos una leve sensación de frustración por no haber tenido la oportunidad de conocer personalmente a René Amengual. Pero queda su legado, a través de sus obras y sus discípulos. Y no podemos evitar mencionar un interesante dato que nos aporta el libro: durante el primer año de funcionamiento de la Escuela Moderna, Elena Waiss y René Amengual, verdaderos profesionales de la enseñanza, recibieron siete alumnos de piano y reprobaron a cuatro, y esos cuatro, al año siguiente, fueron los primeros en matricularse. Interesante dato histórico para quienes generan las políticas de administración, gestión y promoción de nuestras instituciones de enseñanza musical superior.
En síntesis, la difusión del legado amengualiano, debe ser entendido y valorado en esos términos. Y sin duda, agradezcamos que existan personas interesadas en este tipo de labores y pueda generarse un contacto más rico entre investigadores, profesores y difusores de nuestro patrimonio musical y artístico. De este modo, otras importantes figuras del quehacer musical chileno podrán ser conocidas, valoradas y apreciadas.