Tocamos timbre, nos atiende gentilmente un empleado, le comentamos el motivo de la visita y nos hace pasar.
Salones importantes, gigantografías de Gabriela Mistral, Rojas, Neruda, etc., etc.; de Tomás, ¡nada! Incluso el recepcionista, no tenía idea de quien se trataba.
Me quedo con él en su oficina mientras busca por Google alguna referencia del susodicho (sic); apareciendo –como le había “advertido” previamente- las notas que yo había publicada en el blog “Los Gatica Amengual”.
Juan Bautista recorre las instalaciones, de pronto nos llama: "¡miren esto!";

al costado de una oficina, la placa cuya foto adjunto. Pregunta de rigor: "¿de quién es el despacho ?"
-del presidente de la institución, -responde el empleado.
Un recuerdo de viejos tiempos; algo es algo. Su imagen debe ser una de las tantas que engalanan las paredes y carecen de información.
A la familia le falta esa foto, pero está su obra y algunas pinceladas de su vida; para todos aquellos que estén interesados en conocer sobre este brillante hombre de las letras chilenas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario